
Terese le cogió la mano. Era el primer momento de ternura entre ellos en las tres semanas desde la fiesta de beneficencia. Podía parecer extraño -amantes solitarios en una isla, sexo constante, ni un beso amable, ni una suave caricia o unas palabras susurradas-, pero su relación iba de olvidar y sobrevivir: dos almas desesperadas de pie entre los escombros, sin ningún interés en reconstruir absolutamente nada.
Terese había pasado la mayor parte de los días dando largos paseos en solitario. Él los había pasado sentado en la playa haciendo ejercicio o algunas veces leyendo. Se encontraban para comer, dormir y el sexo. Por lo demás, se dejaban solos el uno al otro, si no para curarse, al menos para restañar la herida. Myron sabía que Terese también había sido vapuleada, que alguna tragedia reciente la había golpeado muy hondo y duro, hasta el tuétano. Pero nunca le había preguntado qué había pasado. Ella tampoco se lo había preguntado a él.
Una regla tácita de su pequeña locura.
El yate se detuvo y echó el ancla. Win bajó a una pequeña motora. Myron aguardó. Se movió sobre los pies como si se preparase. Cuando la embarcación se acercó lo suficiente a la orilla, Win apagó el motor.
– ¿Mis padres? -gritó Myron.
Win sacudió la cabeza.
– Están bien.
– ¿Esperanza?
Un leve titubeo.
– Necesita tu ayuda.
Win metió los pies en el agua con mucha cautela, casi como si esperase que sostuviese su peso. Iba vestido con una camisa blanca de tela Oxford de manga larga, un pantalón corto Lilly Pulitzer de unos colores tan chillones como para repeler a los tiburones. El Yuppie Marinero. Su constitución era delgada, pero los antebrazos parecían serpientes de acero que se movían debajo de la piel.
Terese se puso de pie cuando Win se acercó. Win admiró la vista sin que se le salieran los ojos de las órbitas. Era uno de los pocos hombres que Myron conocía capaces de hacerlo. Cuestión de educación. Cogió la mano de Terese y sonrió. Intercambiaron un saludo. Las sonrisas falsas y las palabras inútiles lo siguieron. Myron permanecía rígido, sin escuchar. Terese se disculpó y fue hacia la casa.
