Clu era un desastre adorable. Aficionado sin límites a las fiestas; por no mencionar todo lo que podía meterse por la nariz o por las venas. Nunca acudía a una fiesta que no le gustase. Era un tipo pelirrojo con una barriga de osito de peluche, apuesto, con aire juvenil, un cantamañanas de cuidado e inmensamente encantador. Todo el mundo amaba a Clu. Incluso Bonnie, su sufrida esposa. Su matrimonio era un bumerán. Ella le echaba, él daba vueltas en el aire por un tiempo, y ella lo pillaba en el retorno.

Clu parecía haber estado aflojando un poco la marcha. Después de todas las veces que Myron le había sacado de los problemas -suspensiones por dopaje, acusaciones de conducir borracho, lo que fuese-, Clu había engordado, llegado al final de su reino del encanto. Los Yankees lo habían fichado, lo habían sometido a un duro régimen y le habían dado una última oportunidad para la redención. Clu se había mantenido a raya por primera vez. Había asistido a las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Su pelota rápida había vuelto de nuevo.

Win interrumpió sus pensamientos.

– ¿Quieres saber lo que pasó?

– No estoy seguro -respondió Myron.

– Ah.

– La última vez la jodí. Tú me avisaste, pero no hice caso. Un montón de personas murieron por mi culpa. -Myron sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos. Las contuvo-. No tienes idea lo mal que acabó.

– ¿Myron?

Se volvió hacia su amigo. Sus miradas se encontraron.

– Recupérate -dijo Win.

Myron soltó un sonido: una parte sollozo, dos partes de risa.

– Detesto cuando me mimas.

– Quizá preferirías que te soltase unas cuantas frases hechas inútiles -añadió Win. Hizo girar el licor en la copa y bebió un sorbo-. Por favor, selecciona una de las siguientes y después seguiremos adelante: la vida es dura; la vida es cruel; la vida es un juego de azar; algunas veces las personas buenas se ven obligadas a hacer cosas malas; algunas veces mueren personas inocentes; sí, Myron, la has jodido, pero esta vez lo harás mejor; no, Myron, no la has jodido, no es culpa tuya; todo el mundo tiene un límite y ahora conoces el tuyo. ¿Puedo dejarlo ya?



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