

Michael Connelly
El Veredicto
Serie Harry Bosch 15
PRIMERA PARTE. Contra las cuerdas 1992
1
Todo el mundo miente.
Los policías mienten. Los abogados mienten. Los testigos mienten. Las víctimas mienten.
Un juicio es un concurso de mentiras. Y en la sala todo el mundo lo sabe. El juez lo sabe. Incluso los miembros del jurado lo saben. Entran en el edificio sabiendo que les mentirán. Toman asiento en la tribuna del jurado y aceptan que les mientan.
Cuando estás sentado a la mesa de la defensa el truco es ser paciente. Esperar. No a cualquier mentira, sino a aquella a la que puedes aterrarte y usarla como un hierro candente para fraguar una daga. Después usas esa daga para desgarrar el caso y desparramar sus tripas por el suelo.
Ese es mi trabajo: forjar la daga. Afilarla. Usarla sin misericordia ni cargo de conciencia. Ser la verdad en un sitio donde todo el mundo miente.
2
Estaba en el cuarto día del juicio en el Departamento 109 del edificio del tribunal penal, en el centro de Los Ángeles, cuando atrapé la mentira que se convirtió en la daga que desgarró el caso. Mi cliente, Barnett Woodson, se enfrentaba a dos acusaciones de asesinato que iban a llevarlo hasta la sala gris acero de San Quintín, donde te inyectan en vena la voluntad de Dios.
Woodson, un traficante de drogas de veintisiete años natural de Compton, estaba acusado de robar y asesinar a dos estudiantes universitarios de Westwood que querían comprarle cocaína. El prefirió quedarse con el dinero y matarlos con una escopeta de cañones recortados, o eso afirmaba la fiscalía. Era un crimen de negro contra blanco, lo cual complicaba bastante las cosas a Woodson, sobre todo al producirse sólo cuatro meses después de los disturbios que habían arrasado la ciudad.
