— Dispénseme — dijo Pavlysh, comprendiendo cuan imperdonable había sido su réplica —, yo, de pronto, recordé fragmentos de las discusiones de aquellos tiempos.

— Tanto mejor. — Dimov se había recobrado ya —. Ha dicho usted que el cosmos no es el océano terrestre. Por lo tanto no le costara trabajo adivinar donde encontró apoyo Guevorkian.

— En la Dirección Cósmica.

— En Exploración de Altura. No podría usted imaginarse cuantas solicitudes recibimos después de que Guevorkian hubo publicado su informe básico. Acudían a él de distintos confines, a veces de los más inesperados, cirujanos y biólogos. Pero aquellos años fueron difíciles. Todos querían obtener resultados inmediatos, y en aquel entonces no admitíamos a voluntarios. Pero surgió el perro de gran profundidad. Mejor dicho, el cangrejo-perro. Después siguieron tres años de experimentos, hasta que pudimos afirmar con toda seguridad que garantizábamos a la bioforma-hombre el retorno a su semejanza anterior. Y hace ocho años dimos comienzo a los experimentos con personas.

— ¿Quién fue la primera bioforma?

— Fueron dos. Seris y Sapeev. Eran bioformas de gran profundidad. Trabajaban a una hondura de diez kilómetros. Pero no habrían podido convencer a los escépticos de no haber sido por un azar. ¿No recuerda como se salvó un batiscafo en la depresión submarina de Filipinas? ¿No?

— ¿Cuándo fue eso?

— Veo que no lo recuerda. Pero, para la bioformación, el caso hizo época. El batiscafo perdió la dirección. Fue a parar a una fisura y lo cubrió un alud submarino. La comunicación se cortó. Fue uno de esos casos en los que los medios técnicos no pueden ayudar. Pero nuestros muchachos llegaron al batiscafo. No sé en donde, tengo unas fotos y unos recortes de periódico de aquellos tiempos. Si le interesa, se los mostraré…



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