
Lo lleva todo consigo, pensó Pavlysh. Y habla de esos acontecimientos como si fueran historia antigua, cuando no han pasado desde entonces más de siete anos.
— Por entonces, en el instituto se preparaban ya unos cuantos voluntarios. ¿Comprende? incluso en las condiciones actuales, el proceso de la bioformación es sumamente complejo. Por ejemplo, trabajo con nosotros Grunin. Voluntario, navegante de la Flota de Altura. Debía actuar en un planeta donde la presión es diez veces mayor que en el nuestro, la radiación supera en cien veces la norma admisible, y la temperatura en la superficie alcanza los trescientos grados sobre cero. Añada a ello tempestades de polvo y continuas erupciones volcánicas. Naturalmente, se habría podido enviar a ese planeta un robot capaz de soportar tales condiciones o un pasaportodo tan complejo que el hombre sería en el lo que una mosca en un cerebro cibernético. No obstante, las posibilidades del robot y las del hombre en el pasaportodo habrían sido limitadas. Grunin consideraba que podría recorrer el mismo aquel planeta. Palpar con sus propias manos, ver por sus propios ojos. Era un investigador, un científico. Nosotros, naturalmente, pusimos en claro a que condiciones debía responder el nuevo cuerpo de Grunin y que sobrecargas habría de soportar. Computamos el programa de dicho cuerpo, buscamos análogos en los modelos biológicos y calculamos también las tolerancias máximas y mínimas. Sobre la base de tales estudios nos pusimos a construir a Grunin. Lo hicimos…
Dimov se callo.
— ¿Pereció Grunin? — preguntó Pavlysh.
— Todo no se puede adivinar. Y a quien menos se puede culpar de ello es a Guevorkian. Al crear la bioforma sobre la base de un hombre concreto, debemos recordar que en el nuevo cuerpo queda su cerebro. Toda bioforma es un hombre. Ni más ni menos… Luego vino Drach, y también pereció.
Pavlysh recordó el retrato de Drach en la sala grande de la Estación. A Grunin no pudo recordarlo, pero a Drach, sí, debido, por lo visto, a que era muy joven y de expresión confiada.
