Ierijonski ya se había equipado y estaba abriendo la escotilla. Dimov se caló también la careta.

— Pavlysh, quédese aquí. No se aparte de la radio. Si hay algo urgente, me llama. Voy a hablar con Alan.

— De la Estación comunicaron que un flayer había salido en busca de los submarinistas. Preguntaban que había de nuevo en el refugio. Pavlysh respondió que, por el momento, nada.

En el exterior, Dimov conversaba con el pájaro. Este apenas si le llegaba a la cintura, pero sus alas, aun plegadas, tenían unos tres metros, y sus puntas se apoyaban en la ancha cola. La cabeza era pequeña, de pico corto e inmóviles ojos azules.

Otra sacudida hizo retemblar la vajilla, que no habían retirado. Llamó Niels y dijo con su queda voz mecánica:

— Oye, Van, ¿en donde se encuentra la Gruta Azul?

— Van ha salido en la canoa. Seguramente habrá ido allí. Yo no sé exactamente en donde esta la gruta esa.

— ¡Ah! ¿es Pavlysh? Entonces, anota los parámetros exactos del epicentro.

Tras la ventana, Dimov se arrebujaba en su cazadora. Tenía mucho frío. El pájaro, bamboleándose, corrió torpemente a una larga mole pétrea que se adentraba en la laguna, extendió las alas y se convirtió al instante en una vela de seis metros. Antes de que hubiera llegado a la punta de la mole, el viento contrario lo elevó al aire, y, para no perder el equilibrio, batió con fuerza las alas y fue cobrando altura.

Dimov se entretuvo en el adaptador y luego abrió la escotilla, dejando entrar una nube de vapor. Trataba de dominar el temblor que lo sacudía.

— Creía que me moría — dijo —. ¡Bravo por Alan!

— ¿Por qué? — preguntó Pavlysh.

— No le gustaron las olas en aquel sector. Él tiene su teoría, que podríamos llamar gráfica. Adivina el carácter y el lugar del terremoto que se avecina por el dibujo de las olas. Para el, eso no es difícil, desde arriba se ve todo. Tiene unas discusiones de espanto con los sismólogos. Alan cree que su teoría es la panacea universal, pero ellos la consideran algo así como adivinar por los posos de café. Seguramente tienen razón, por algo son especialistas… ¿No me ha llamado nadie?



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