
– ¿Ya le has abierto la cabeza a Jack por lo que hizo con nuestra sección de comentarios? -preguntó él con una sonrisa.
– No, pero lo haré más tarde, cuando lo vea.
Nunca lo veía durante el día, pero casi siempre se marchaban del trabajo juntos. A menos que él tuviera que asistir a alguna reunión, en cuyo caso Maddy se iba a casa sola y lo esperaba allí.
Las noticias de las cinco marcharon bien, y ella y Greg se quedaron conversando, como de costumbre, mientras esperaban el momento de volver a salir en antena. Terminaron a las ocho, y Jack apareció mientras ella salía del plató. Maddy saludó a Greg, se quitó el micrófono, cogió su bolso y salió con Jack. Habían prometido pasar un momento por una fiesta en Georgetown.
– ¿Qué demonios ha pasado con nuestra sección de comentarios? -preguntó mientras viajaban a toda velocidad hacia Georgetown.
– Los sondeos demuestran que la gente se había aburrido de ella.
– Tonterías, Jack, les encantaba.
– Eso no es lo que oímos -repuso él con firmeza, impasible ante el comentario de Maddy.
– ¿Por qué no me lo comentaste esta mañana? -Aún parecía indignada.
– La noticia debía llegarte por los canales apropiados.
– Ni siquiera me consultaste. Habría sido un detalle, ¿sabes? Creo que has tomado una decisión equivocada.
– Ya veremos qué dicen los índices de audiencia.
Ya estaban en la fiesta de Georgetown y se separaron, perdiéndose entre la multitud. Maddy no volvió a ver a Jack hasta dos horas después, cuando él fua a buscarla y le preguntó si quería marcharse. Los dos lo estaban desando; había sido un día muy largo y la noche anterior, debido a la cena en la Casa Blanca, también se habían acostado tarde.
