Frente a las costas del cabo Finisterre, se avistó una escuadra española formada por cuatro fragatas, dos corbetas y el navío de sesenta y cuatro cañones, Guipuzcoano, además de un convoy de quince barcos mercantes. La flota al completo fue rodeada y apresada. Se distribuyeron las dotaciones de presa y elGuipuzcoano, con su nuevo nombre Prince William (en honor al duque de Clarence, que en aquel momento era un guardiamarina más de la flota) escoltó a los navíos de vuelta a Inglaterra. Sólo se quedaron las naves con vituallas, que se sumarían a los suministros con destino a Gibraltar.

La flota siguió su lento navegar por la costa ibérica durante la tarde del día quince. Drinkwater estaba sentado en la cofa de trinquete de la Cyclops, su puesto de combate, y desde allí contemplaba sus dominios, protegido por el mosquete y un pequeño cañón giratorio. Aquí se libraba de las grescas entre cubiertas, del incomprensible acoso de Morris y, durante los turnos de guardia, podía aprender los pormenores del arte de la navegación de un marinero de primera llamado Tregembo.

El joven Nathaniel aprendía deprisa e impresionó a la mayoría de sus superiores por su entusiasmo al acometer cualquier tarea. Esa tarde disfrutaba de un descanso y del lujo inesperado del sol de enero. Parecía imposible que sólo un par de meses antes no hubiese sabido nada de esta vida. Estas semanas habían estado tan preñadas de impresiones y acontecimientos que la despedida de su madre viuda y su hermano se le antojaba muy remota. Ahora pensaba, orgulloso, que formaba parte de la compleja organización que convertía a la



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