Edmund Bridgerton había muerto a los treinta y ocho años de edad. Y Anthony simplemente no podía imaginarse superar a su padre en nada, ni siquiera en años.

Capítulo 1

El tema de los mujeriegos se ha tratado con anterioridad en esta columna, y Esta Autora ha llegado a la conclusión de que hay mujeriegos y Mujeriegos.

Anthony Bridgerton es un Mujeriego.

Un mujeriego (con minúscula) es joven e inmaduro. Hace alarde de sus hazañas, se comporta con suma imbecilidad y se cree peligroso para las mujeres.

Un Mujeriego (con mayúscula) sabe que es peligroso para las mujeres.

No hace alarde de sus hazañas porque no siente ninguna necesidad. Sabe que tanto hombres como mujeres murmurarán sobre él. Sabe quién es y qué ha hecho; los demás cuentos son superfluos.

No se comporta como un idiota por la sencilla razón de que no lo es (no más de lo que debe esperarse de todos los miembros del género masculino). Tiene poca paciencia con las debilidades de la sociedad, y con toda franqueza, la mayoría de las veces Esta Autora no puede decir que le culpe.

Y si eso no describe a la perfección al vizconde de Bridgerton – sin duda el soltero más cotizado de esta temporada-, Esta Autora dejará Su pluma de inmediato. La única pregunta es: ¿será 1814 la temporada en la que por fin sucumba a la exquisita dicha del matrimonio?

Esta Autora piensa…

que no.


REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,

20 de abril de 1814


– Por favor, déjame que lo adivine -dijo Kate Sheffield a toda la habitación-, otra vez ha escrito sobre el vizconde Bridgerton.

Su hermanastra Edwina, a la que llevaba casi cuatro años, alzó la vista desde detrás del diario de una sola hoja.

– ¿Cómo lo sabes?



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