
– Él no habrá estado practicando el juego, ¿verdad? -preguntó Colin.
– ¿Cómo podría? -Respondió Simón-. Apenas marcó esta mañana. Todos lo vimos.
Colin lo ignoró y se giró hacia a Kate.
– ¿Hizo recientemente alguna extraña desaparición nocturna?
Ella bostezó.
– ¿Piensas que ha estado escapándose para jugar al palamallo a la luz de la luna?
– No me extrañaría nada -refunfuñó Colin.
– Ni a mí -replicó Kate-, pero te aseguro que ha estado durmiendo en su propia cama.
Colin manifestó.
– Eso es un asunto de tu incumbencia.
– Esta no es una conversación apropiada para tener delante de una dama -dijo Simón, pero estaba claro que estaba disfrutándolo.
Anthony le lanzó a Colin una mirada irritada, luego dirigió una en dirección a Simón por si acaso. La conversación se ponía absurda, y se estaba pasando el tiempo para que ellos comenzaran el partido.
– ¿Dónde está Edwina? -exigió él.
– La veo bajando la colina -contestó Kate.
Él levantó la vista para ver a Edwina Bagwell, la hermana menor de Kate, bajando trabajosamente la cuesta. Nunca había sido muy buena para ejercicios al aire libre, y bien podía imaginarla suspirando y poniendo sus ojos en blanco.
– Rosado para mí este año -declaró Daphne, arrancando uno de los mazos restantes del montón-. Aparentemente también, me siento femenina y delicada -Echó una mirada maliciosa a sus hermanos.
Simón llegó detrás de ella y seleccionó el mazo amarillo.
– Azul para Edwina, desde luego.
– Edwina siempre elige azul -dijo Kate a Penélope.
– ¿Por qué?
Kate hizo una pausa.
– No sé.
– ¿En cuanto al púrpura? -preguntó Penélope.
– ¡Ah!, nunca usamos ese.
– ¿Por qué?
