
¿O era sólo el tercero?
Fuera como fuese, él no iba a perdérselo.
Por eso, con una sonrisa burlona en el rostro, echó a correr. ¿Debería gritar? Eso la irritaría más.
Pero eso sería ser cruel. Y por otro lado…
¡CRACK!
Anthony levantó la vista de sus reflexiones justo a tiempo de ver la bola verde precipitándose en su dirección.
¿Qué demonios?
Kate soltó una triunfante risa, se recogió las faldas y comenzó a correr.
– ¿Qué demonios haces? -exigió Anthony-. El cuarto palo está por allí.
Señaló la dirección apropiada incluso aunque estaba seguro de que Kate sabía dónde estaba.
– Sólo estoy en el tercer palo -dijo ella con aire de superioridad-, y de todas formas, he renunciado a ganar. No vale la pena a estas alturas, ¿no crees?
Anthony la miró, luego miró la bola que descansaba pacíficamente cerca del último palo.
Luego volvió a mirarla.
– Oh no, no lo harás -gruñó.
Ella sonrió lentamente.
Maliciosa.
Como una bruja.
– Mírame -le dijo.
Justo entonces Colin subió la colina a toda carrera.
– ¡Es tu turno, Anthony!
– ¿Cómo es posible? -preguntó-. Kate acaba de tirar, y Daphne, Edwina y Simón están antes.
– Nos hemos dado prisa -dijo Simón, acercándose a zancadas-. No queríamos perdernos esto.
– Oh, por el amor de Dios -murmuró, viendo cómo el resto se daba prisa para acercarse.
Se acercó con paso airado hasta su bola, entrecerrando los ojos mientras apuntaba.
– ¡Cuidado con la raíz de árbol! -gritó Penélope.
Anthony apretó los dientes.
– No es para darte ánimos -dijo, su cara magníficamente afable-. Seguramente un aviso no puede calificarse como dar ánimos…
– Cállate -dijo Anthony entre dientes.
