Cuando acaba la música, Kiss dice en alto: ¡Tengo hambre!

¿Qué?

Que tengo hambre. ¿Me invitas a cenar?

Están en una taberna. Un plato de pulpo a la feria. Ella come y bebe como si fuese la primera vez después de muchos años.

Es horrible. ¿Cómo podéis comer esto?, dice ella, llevándoselo con repugnancia a la boca.

¿A que te gusta?, dice él.

Sí. ¡Qué extraño!

El pulpo es un animal futurista. Viene de otro planeta, ¿sabes?

Yo también, dice ella.

Ahora están sentados en la escalinata que une la Quintana dos Mortos y la Quintana dos Vivos.

¿Y de qué planeta vienes tú?, pregunta Manuel.

Creo que se llama Natal. Es de nieve y de candelas. Y desde la ventana se ve un reno.

¿Os coméis los renos?

Sí. En carne ahumada.

Van a ser las doce, dice él. En cierta ocasión, por la noche, tocó aquí una orquesta, una gran orquesta sinfónica. La gente se preguntaba qué pasaría cuando llegasen las doce y la campana de la Torre del Reloj comenzase a sonar.

¿Y qué pasó?

Unos segundos antes, el director dio una orden con la batuta y la orquesta calló la sinfonía de Beethoven. Y entonces se escucharon las doce campanadas de la Berenguela. Cuando acabaron, hubo una gran ovación.

Las campanas. Kiss apoya la cabeza en el hombro de Manuel y cierra los ojos.

De noche, en la soledad de su habitación, In-ma habla por teléfono.

Está bien, no tenemos que discutir. Somos civilizados. ¿Que por qué no quiero discutir? Que te den por el saco. Sí, puedes llevarte la música que quieras. No, no te trato como a un niño. Déjame a Cesária Évora, Paquita la del Barrio y Chávela Vargas. ¿Para qué? Para llorar por tí. No, no te estoy vacilando. ¿Tenemos que hablar? No. Ya no tenemos nada más que hablar. Estoy harta de hablar. Voy a dormir, dormir, dormir.

Llueve. Bajo una alfombra caminan Omar, Mireia y Bastían.



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