
—Siempre me hubiera gustado tener cuatro manos en caída libre —murmuró Leo. Intentaba que sus dudas no fueran demasiado evidentes.
—… pero la mayor parte de los cambios tuvieron que ver con la parte metabólica. Nunca tienen problemas motrices (eso se debe a unos cambios en el sistema vestibular) y sus músculos se mantienen a tono con sólo una rutina de ejercicios de apenas quince minutos por día, lo cual está lejos de las horas que usted y yo tenemos que emplear allí abajo. Sus huesos tampoco se deterioran. Incluso son mucho más resistentes a la radiación que los nuestros. La médula espinal y las gónadas pueden absorber una cantidad de rems cuatro o cinco veces mayor que nosotros. Los médicos están investigando para que comiencen a reproducirse antes, mientras todos esos genes siguen siendo primitivos. En definitiva, todo está a nuestro favor. Son trabajadores que nunca piden licencia. Son tan saludables que pueden trabajar sin parar, lo cual reduce los costos de rotación del personal. Y hasta se pueden autorreproducir —comentó con gracia Van Atta.
Leo aseguró la última de sus pertenencias.
—¿Dónde… irán cuando se retiren? —preguntó.
Van Atta se encogió de hombros.
—Supongo que la compañía pensará en algo cuando llegue el momento. Afortunadamente, no es mi problema. Yo ya me habré retirado para ese entonces.
—¿Qué pasa si deciden dimitir, irse a otra parte? Supongamos que alguien les ofrece un sueldo mejor. Galac-Tech no podrá hacer frente a todo el I + D.
—Creo que todavía no ha comprendido la belleza de esta organización. No dimiten. No son empleados. Son equipos de capital. No se les paga en dinero, aunque me gustaría que mi salario fuera igual a lo que Galac-Tech invierte en ellos por año para mantenerlos. Pero eso mejorará cuando el último grupo crezca y se vuelva más autosuficiente. Dejaron de producir nuevos cuadrúmanos hace aproximadamente cinco años, antes de que ese trabajo pasaran a realizarlo ellos mismos.
