
Voss hizo la llamada y se fue a dormir tres horas. Se levantó momentos antes de las 7:00 a.m., llamó a un coche y él y el chófer cargaron los archivadores, junto con un cofre negro de metal que había aparecido en la sala de operaciones y cuyo destinatario, estampado con pintura blanca sobre plantilla, era el SS Personalhauptamt, 98-9 Wilmersdorferstrasse, Berlín-Charlottenburg. Fueron en el coche hasta la pista donde, sorprendidos, se encontraron con que el Heinkel de Todt avanzaba para despegar. Voss ya sentía el azote de la furia de Weiss. Consultó al capitán de vuelo, quien les dijo que tan sólo probaban el avión por órdenes del asistente de Hitler. El avión dio dos vueltas en el aire y aterrizó. Un sargento consultó la declaración y le dio el visto bueno a los archivos; los cargaron. Voss y el chófer tomaron un café en la cantina y comieron huevos con pan. A las 7:50 a.m. llegó el coche del Reichsminister y Fritz Todt embarcó solo en el Heinkel.
El avión avanzó de inmediato hasta el final de la pista de despegue, hizo una pausa, cobró potencia y salió disparado por la calzada costrada de nieve hacia los árboles negros y la baja nube gris de otra veteada mañana militar. Según el reloj todavía tendría que estar oscuro, pero el Führer se empeñaba en mantener la hora de Berlín en su cuartel de Rastenburg.
