Pete sacudió lentamente la cabeza y tomó el burrito. Durante unos minutos, creía haber llegado a una especie de tregua con Nora, incluso pensaba que aquello podría ser el principio de una amistad. Pero después de haber metido la pata, no una, sino dos veces, iba a ser casi imposible convencerla.

– Bien -musitó. -Pero si cambias de opinión, dímelo -se acercó a la puerta y antes de salir se volvió para dirigirle una última mirada. Nora lo miraba desde detrás del escritorio con los ojos abiertos como platos. Debería haber insistido en que comiera con él, pensó Pete, o al menos mostrarse ofendido con su negativa. Pero algo le decía que no debía quemar todos los puentes con Nora. -Te veré más tarde.

Nora asintió en silencio, tomó la última carpeta que tenía encima del escritorio y extendió ordenadamente los papeles que contenía frente a ella. Al cabo de diez segundos de sentirse ignorado, Pete salió, cerrando la puerta tras él.

Los equipos habían vuelto a formarse en la Zona Caliente y el partido comenzaba de nuevo, con el equipo de Sam bateando.

– ¿Qué ha pasado? -le preguntó Sam.

– Al diablo si lo sé -musitó Pete. -Normalmente comprendo bastante bien a las mujeres, pero Prudence Trueheart es una mujer muy complicada -ocupó su lugar en el campo y se frotó las manos contra los muslos. Su mente reproducía la sensación de la piel de Nora bajo sus dedos. No iba a ser fácil renunciar Prudence Trueheart, ni a Nora. Además de confusa, caprichosa y condescendiente, la encontraba increíblemente intrigante.

Y había pasado mucho tiempo desde la última vez que Pete Beckett había encontrado intrigante a una mujer.


Querida Prudence Trueheart.

Mi novio y yo hemos estado haciendo eso desde nuestra primera cita. El sexo es fantástico, pero ahora que se acerca la fecha de nuestra boda, me gustaría practicar el celibato para hacer de la noche de bodas algo especial. ¿Pero cómo podré convencer a mi calenturiento prometido de mi decisión?



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