
EL TESTIGO EXPERTO
– Un golpe excelente -dijo Toby, mientras veía la pelota de su oponente surcar el aire-. De unos doscientos treinta metros, tal vez doscientos cincuenta -añadió, mientras se llevaba la mano a la frente para proteger los ojos del sol, y continuó mirando la pelota hasta que rebotó en mitad de la calle.
– Gracias -dijo Harry.
– ¿Qué has desayunado esta mañana, Harry? -preguntó Toby cuando la pelota se detuvo por fin.
– Una discusión con mi mujer -fue la inmediata respuesta de su contrincante-. Quería que fuera con ella de compras esta mañana.
– Me tentaría la posibilidad de casarme si pensara que fuera a mejorar tanto mi golf -dijo Toby, mientras golpeaba su pelota-. Maldita sea-añadió un momento después, mientras veía que su débil esfuerzo se desviaba hacia los obstáculos, a menos de cien metros de donde él estaba.
El juego de Toby no mejoró en el hoyo nueve, y cuando se dirigieron al club antes de comer, advirtió a su contrincante:
– Me vengaré en el tribunal la semana que viene.
– Espero que no -rió Harry.
– ¿Por qué? -preguntó Toby cuando entraron en el club.
– Porque presto testimonio como testigo experto a tu favor -contestó Harry cuando se sentaron a comer.
– Qué curioso -dijo Toby-. Habría jurado que estabas contra mí.
