Me miró e hizo un gesto amenazador. Prestadme vuestro caballo, huiré de esta ciudad y burlaré a mi destino. Iré a Samarra, y allí la muerte no me encontrará. El mercader le prestó el caballo, el criado lo montó, hundió las espuelas en sus flancos y el caballo partió a galope tendido. Después, el mercader fue al mercado, me vio entre la multitud, se acercó a mí y dijo: ¿Por qué hiciste un gesto amenazador a mi criado cuando te vio esta mañana? No fue un gesto amenazador, dije, solo de sorpresa. Me sorprendió verle en Bagdad, porque tenía una cita con él esta noche en Samarra.

EL TESTIGO EXPERTO

– Un golpe excelente -dijo Toby, mientras veía la pelota de su oponente surcar el aire-. De unos doscientos treinta metros, tal vez doscientos cincuenta -añadió, mientras se llevaba la mano a la frente para proteger los ojos del sol, y continuó mirando la pelota hasta que rebotó en mitad de la calle.

– Gracias -dijo Harry.

– ¿Qué has desayunado esta mañana, Harry? -preguntó Toby cuando la pelota se detuvo por fin.

– Una discusión con mi mujer -fue la inmediata respuesta de su contrincante-. Quería que fuera con ella de compras esta mañana.

– Me tentaría la posibilidad de casarme si pensara que fuera a mejorar tanto mi golf -dijo Toby, mientras golpeaba su pelota-. Maldita sea-añadió un momento después, mientras veía que su débil esfuerzo se desviaba hacia los obstáculos, a menos de cien metros de donde él estaba.

El juego de Toby no mejoró en el hoyo nueve, y cuando se dirigieron al club antes de comer, advirtió a su contrincante:

– Me vengaré en el tribunal la semana que viene.

– Espero que no -rió Harry.

– ¿Por qué? -preguntó Toby cuando entraron en el club.

– Porque presto testimonio como testigo experto a tu favor -contestó Harry cuando se sentaron a comer.

– Qué curioso -dijo Toby-. Habría jurado que estabas contra mí.



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