– Lo sé. Bueno, está bien. Haré lo que pueda con Alexis, pero no te puedo prometer más de un par de días. Es una mujer decidida.

– Y todos sabemos perfectamente lo que ocurre cuando las Landon os decidís por algo.

– Exactamente -afirmó ella poniéndose de pie-. Lo siento mucho, Riley. Sé que la disculpa llega catorce años demasiado tarde, pero lo digo de corazón. Jamás tuve la intención de convertir tu vida en un infierno.

– Te lo agradezco.

– ¿Quieres que te deje el número de mi teléfono móvil para que te puedas poner en contacto conmigo para lo de Zeke o prefieres llamar a Alexis directamente?

– Creo que será mejor que te lo diga a ti -contestó él. Le entregó un bloc de notas, en el que ella escribió rápidamente un número

– Mi cámara.

Riley se la entregó.

– ¿Cuánto tiempo vas a permanecer en la ciudad? -le preguntó él.

– Unas cuantas semanas. Mi hermana pequeña, Vivian, se va a casar. He venido para ayudar a organizar la boda y para preparar el pastel. He alquilado una casa a las afueras. Necesito una cocina para realizar el resto de mis pedidos.

– Te llamaré.

Gracie asintió. Entonces, empezó a juguetear con la cámara entre las manos como si quisiera decir algo más. Riley esperó, pero ella se encogió de hombros y se dirigió hacia el vestíbulo. Él la siguió hasta la puerta principal. Cuando salió al exterior, Gracie se volvió para mirarlo.

– No me equivoqué con Pam -dijo.

– Debería haberte escuchado.

– ¿De verdad? -replicó ella con una sonrisa.

– Sí. Hasta una ardilla ciega encuentra a veces la bellota, Gracie. Buenas noches.

Riley cerró la puerta, pero no se apartó. Le pareció oír un golpe seco, como si ella le hubiera dado una patada.

– Eso ha sido un golpe bajo, Riley -gritó ella-. Un golpe muy bajo.



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