«Soy amiga del Portavoz de los Muertos —le dijo—. Creo que podemos hacer que este ordenador sea un poco más adecuado.» A partir de entonces, Miro descubrió que Jane era la única persona con quien podía hablar fácilmente. Para empezar, mostraba una paciencia infinita. Nunca terminaba sus frases. Podía esperar a que él mismo las acabara, y por eso nunca se sentía apremiado, nunca sentía que la estaba aburriendo.

Tal vez más importante todavía, no tenía que formar sus palabras tan completamente para ella como para sus interlocutores humanos. Andrew le había dado un terminal personal, un receptor informático incrustado en una joya como la que el propio Andrew llevaba en el oído. Desde esa perspectiva, usando los sensores de la joya, Jane podía detectar todos los sonidos que hacía, cada movimiento de los músculos de su cabeza. Ya no tenía que completar cada sonido, sino comenzarlo, y ella comprendía. Podía ser perezoso. Él podía hablar más rápidamente y ser comprendido.

Y también podía hablar en silencio. Podía subvocalizar, no tenía que usar aquella voz torpe, molesta y aullante que era todo lo que podía producir ahora su garganta. Cuando hablaba con Jane, podía hablar rápidamente, de modo natural, sin recordar que estaba lisiado. Con Jane podía sentirse él mismo.

Ahora estaba sentado en el puente de la nave de carga que había traído a Lusitania al Portavoz de los Muertos hacía tan sólo unos pocos meses. Temía el encuentro con la nave de Valentine. Si hubiera pensado en otro sitio al que ir, se habría escapado: no sentía el menor deseo de conocer a la hermana de Andrew ni a nadie más. Si pudiera quedarse solo eternamente en la nave, hablando sólo con Jane, se habría sentido satisfecho.

No, no era así. Nunca volvería a estar satisfecho.

Como mínimo, esta Valentine y su familia serían gente nueva. En Lusitania conocía a todo el mundo, o al menos a todo el mundo que valoraba: toda la comunidad científica, la gente con educación y conocimiento. Los conocía tan bien que no podía dejar de ver su compasión, su pesar, su frustración ante lo que le había sucedido. Cuando lo miraban, percibía la diferencia entre lo que era antes y lo que era ahora. Ellos sólo veían pérdida.



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