—De acuerdo. Pero me tiene intrigada. ¿Qué es lo que cree que sabe sobre nosotros que es tan sorprendente? Somos una agencia pública. Nuestros archivos están abiertos.

—Cierto. Pero eso significa que están restringidos por el presupuesto que se les destina. Hoy mismo, por ejemplo, se han enterado de los nuevos cortes de presupuesto debidos a la crisis de las finanzas en las Naciones Unidas.

La expresión de la Directora reflejó su sorpresa.

—En nombre de Morfeo, ¿cómo se ha podido enterar de una cosa así? Yo misma me he enterado hace un par de horas, y me dijeron que la decisión acababa de ser tomada.

—Déjeme que le conteste a eso más tarde, si no le importa, después de que hayamos tratado otro par de asuntos. Sé que han tenido ustedes problemas de dinero. Aún peor, hay restricciones que les cuesta aceptar y que se refieren a los experimentos que se les permite llevar a cabo.

El labio inferior de ella se adelantó un poco, y su expresión se puso en guardia.

—Creo que no le entiendo. ¿Le importa ser más específico?

—Con su permiso, evitaré también hablar de eso por el momento. Espero que me permita hablar sobre otro asunto unos minutos. Puede parecer que no tiene relación con los presupuestos y la libertad de experimentar, pero le prometo que es importante. Eche un vistazo a esto y luego le explicaré exactamente por qué estoy aquí.

Le paso un cilindro liso y negro.

—Mire en el fondo. Es un grabador de vídeo. No se preocupe por el foco, las fases del holograma están ajustadas para un plano focal a quince centímetros del ojo. Relájese.

Ella arrugó el entrecejo, volvió a colocar su panecillo sobre el plato y alzó el cilindro hasta su ojo derecho.

—¿Cómo lo hago funcionar?

—Pulse el botón que hay a la izquierda. La imagen tarda un par de segundos en llegar.

Una camarera vestida con un uniforme verde colocó un par de cuencos llenos de sopa marrón delante de ellos.



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