Ésta le esperaba sentada ante la mesa, marcando los pedidos de una lista output. Mientras él se sentaba, ella dobló de inmediato la hoja y comenzó a hablar sin ninguna introducción previa.

—Me tomé la libertad de elegir por los dos. Hay una oferta limitada, y pensé que podríamos aprovechar el tiempo. —Se echó hacia atrás y sonrió—. Tengo mi propia agenda, pero ya que ha venido a vernos, creo que puede disparar primero.

—¿Disparar? —Él arrimó la silla a la mesa—. Confunde usted nuestros motivos. Pero me encantará hablar primero… Y déjeme decir algo que puede que más tarde nos ahorre situaciones embarazosas. Mi primo, Wolfgang, trabaja para usted, aquí, en el Instituto.

—Me llamó la atención la coincidencia del nombre.

¿Y lo hizo verificar?, pensó Hans Gibbs. Asintió y continuó.

—Wolfgang le es completamente leal, igual que yo lo soy a Salter Wherry, para quien trabajo, ¿debo suponer que no le conoce personalmente?

Judith Niles le miró por debajo de sus cejas alzadas.

—No conozco a nadie que le conozca… pero todo el mundo ha oído hablar de él, y de la Estación Salter.

—Entonces sabe que tiene recursos sustanciales. A través de los mismos podemos descubrir bastante sobre el Instituto, y el trabajo que se hace aquí. Quiero que sepa que, aunque Wolfgang y yo comentamos de vez en cuando y de forma muy general el trabajo que se realiza aquí, ni mi información específica, ni la de nadie más en nuestra organización, procede de él.

Ella se encogió de hombros, indiferente.



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