—Pero, ¿estás seguro en lo que respecta a ella?

—Estoy seguro. No por experiencia personal, claro. Ella no es como yo. JN es discreta. Nunca practica juegos de cama en el Instituto. Pero desaparece algunas noches y también durante los fines de semana.

—Puede que se dedique a trabajar.

—Y una mierda. Sé de qué hablo. Le gusta tanto un polvo como a mí.

Hans se encogió de hombros. Sus propias impresiones se habían ya formado cuando contempló las fotografías.

—De acuerdo, es tan lujuriosa como tú. Dios la ayude. Pero si aún no está formada y está aún cambiando, ¿cómo será cuando lo esté?

La cara de Wolfgang Gibbs adquirió una expresión diferente. Guardó silencio un instante.

—Podría ser cualquier cosa —dijo por fin—. Absolutamente cualquier cosa. Incluso los engreídos del Instituto lo admiten. Está por encima de ellos en asuntos técnicos.

—¿Incluso tú, primo? ¿Desde cuándo? Pensé que el espejo de la pared decía que eras el más listo de todos.

Wolfgang colocó su vaso de cerveza junto a la ventana. Parecía muy serio.

—Incluso yo, primo. ¿Recuerdas lo que dijo un viejo general francés cuando conoció a Napoleón? «Supe de inmediato que había visto a mi maestro.» Así es como me sentí después de mi primer encuentro con JN. Es un caballo de batalla. Cuando quiere algo, es difícil de parar.

—He conocido a más de una así. ¿Pero cómo da las patadas? Si vamos a firmar un acuerdo, tengo que comprender sus motivos.

Pero en este punto Wolfgang Gibbs simplemente había sacudido la cabeza y había vuelto a coger su cerveza. Y ahora, pensó Hans, mirando la cara de Judith, imposible de descifrar, estamos frente a frente y estoy experimentando la coz por mí mismo. Una audiencia con Salter o no hay trato. Empezó a dirigirse lentamente a la salida.



35 из 281