
Los escaladores occidentales la llaman pico Cola de Pez, nombre que describe muy bien lo difícil que lo tiene el hombre para dominar esta esquiva montaña de formas sinuosas y escurridizas. Bastó una propuesta de un británico sentimental, que fracasó en el intento de conquistar la cumbre en 1957 y que adoptó la personalidad y la forma de vida de los indígenas, para que el gobierno nepalés declarara inviolable el Machhapuchhare. Esta montaña, tres veces más grande que el Matterhorn, debía permanecer para siempre inmaculada. Como consecuencia, es imposible conseguir un permiso para escalar uno de los picos más bellos, y que representa un mayor desafío para el alpinista, de todos cuantos rodean el Santuario del Annapurna.
La mayoría de los escaladores renuncian a ir por temor a las consecuencias: no sólo se imponen multas sino que uno puede ser incluso condenado a prisión. El temerario escalador se expone también a que le denieguen futuros permisos de expedición. Y también detienen a los sherpas. Pero Jaek había acudido porque aquella montaña, el Machhapuchhare, representaba una afrenta, una burla a su intención, declarada públicamente, de conquistar los picos de mayor altitud del Himalaya. Y en cuanto él y su compañero hubieron efectuado con éxito la ascensión del Annapurna por su vertiente suroeste, que cuenta con la aprobación oficial, decidieron seguir escalando, aunque esta vez ilegalmente. Un asalto relámpago les había parecido una buena idea hasta que llegó el mal tiempo.
Jack subió y se apoyó en uno de los escalones que había cavado anteriormente; levantó el piolet y talló otro punto de agarre para la mano en la pared de hielo.
