«Trescientos años atrás», pensó. Una nave espacial de trescientos años de antigüedad. Pero si el programa espacial no tenía trescientos años… Apenas si llegaba a los treinta. Entonces, ¿cómo una nave espacial podía tener trescientos años? Era imposible; Barnes tenía que estar equivocado… Pero ¿cómo podría Barnes caer en semejante equivocación? La Armada no enviaría todas esas naves, toda esa gente, a menos que se hallase segura de lo que había allí abajo… una nave espacial de hacía trescientos años.

¿Cómo era posible? No podía ser cierto. Tenía que haber algo más. Norman volvió sobre eso una y otra vez, y no llegó a ninguna parte. Tenía la mente aturdida y conmocionada.

– … absolutamente ninguna duda al respecto -estaba diciendo Barnes-. Podemos estimar la edad, con gran precisión, tomando como referencia el crecimiento del coral. El del Pacífico crece a razón de dos centímetros y medio por año, y el objeto, lo que quiera que sea, está cubierto por una capa de coral de unos cinco metros; eso es mucho coral. Por supuesto, esos pólipos no crecen a una profundidad de trescientos metros, lo que significa que, en algún momento del pasado, la actual meseta submarina se hundió hasta una profundidad mayor. Los geólogos nos dicen que eso ocurrió hace casi un siglo, por lo que podemos suponer que la nave espacial tiene alrededor de trescientos años. No obstante, podríamos estar equivocados, ya que, en verdad, podría ser mucho más antiguo… Podría tener mil años.

Barnes volvió a ordenar los papeles que tenía sobre su escritorio; formó pilas y les emparejó el borde.

– No tengo problema en decirle con toda franqueza, doctor Johnson, que este asunto me aterra, y que ése es el motivo por el que usted se halla aquí.

Norman movió la cabeza.

– Sigo sin entender.

– Lo hemos traído -explicó Barnes- debido a su relación con el proyecto FDV.



12 из 389