Ése es el motivo de que hayan incluido un psicólogo en el equipo: para atender los agudos problemas traumáticos de los pasajeros que sobreviven o bien los de sus familiares: angustias, miedos, pesadillas reiterativas. Con frecuencia, la gente que sobrevive a un accidente aéreo experimenta toda clase de culpas y remordimientos, concernientes a por qué sobrevivieron ellos y no los otros. Por ejemplo, una mujer estaba sentada junto a su marido y sus hijos y, súbitamente, todos mueren y ella es la única que queda viva. Esa clase de problemas. -Norman volvió a sentarse en la silla-. Pero, en este caso, el de un avión que se estrella debajo de unos trescientos metros de agua, no puede presentarse ninguno de esos problemas. ¿Por qué estoy aquí?

Barnes lo miraba con fijeza: parecía sentirse incómodo. Desparramó los legajos sobre el escritorio.

– En realidad, éste no es el sitio en el que se estrelló un avión, doctor Johnson.

– ¿Qué es, entonces?

– Es el sitio donde se estrelló una nave espacial.

Se produjo un breve silencio. Norman asintió con la cabeza:

– Entiendo.

– ¿No le sorprende? -preguntó Barnes.

– No -contestó Norman-. A decir verdad, explica muchas cosas: si una nave espacial militar se estrelló en el océano, entiendo por qué no oí nada de ello en la radio, por qué se mantuvo en secreto, por qué me trajeron aquí del modo en que lo hicieron… ¿Cuándo se estrelló?

Barnes vaciló una fracción de segundo antes de responder:

– Según la estimación que hemos podido hacer -dijo-, esta nave espacial se estrelló hace trescientos años.

FDV

Se produjo un silencio. Norman oía el zumbido sordo del acondicionador de aire, y, al fondo, de forma más débil, las comunicaciones de radio que tenían lugar en la habitación contigua. Miró la taza de café que tenía en la mano y notó que el borde estaba mellado. Luchaba por asimilar lo que Barnes le estaba diciendo, pero su mente se movía con morosidad, en círculos…



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