
Esta declaración directa, si bien podría calificarse de grosera, provocó una chispa de aprobación en los ojos de Lady Ware. En un tono más suave, dijo: -Muy bien, Antonia, no hay necesidad de armar un segundo ataque contra mí en nombre de tu madre. Siempre he pensado en Sophia como un ganso tonto, pero ni tú ni nadie puede afirmar que no aprecio su valor real, y ella tiene un buen corazón y una disposición generosa, y lo sé muy bien.
Contemplando a su nieta con severidad, Lady Ware continuó: -Sin embargo, eso no tiene nada que ver. Me gustaría saber, Antonia, por qué te opones con tanta violencia a la presencia de Lyonshall aquí. Después de todo, han pasado casi dos años desde que finalizó vuestro compromiso, y me atrevo a decir que se han encontrado en innumerables ocasiones en Londres desde ese episodio vergonzoso.
Antonia apretó los dientes. A los ojos de su abuela -y, de hecho, a los ojos de la sociedad- el rompimiento de Antonia con el duque de Lyonshall había sido sin duda una acción vergonzosa e inexplicable. Incluso su madre no tenía idea de qué había salido mal; Lady Sophia había sufrido más terriblemente con los chismes consiguientes, y casi se había desmayado cuando, unos meses más tarde, se había visto obligada a saludar al duque en público.
En cuanto a ella misma, Antonia se había encontrado con él en varias fiestas de sociedad. Incluso había bailado con él en Almack al comienzo de la presente temporada. Después de todo, era vital mantener una apariencia de fría cortesía. Nada ofendía tanto las sensibilidades como un desacuerdo privado desfilando ante los ojos atónitos del público; Antonia podría haber cometido un solecismo social, pero no había perdido todo el sentido de la propiedad.
– Me he encontrado con el duque -respondió ella en tono mesurado-, y espero encontrarlo de nuevo ya que a menudo somos invitados a las mismas fiestas. Pero tiene que ver, abuela, que al haberlo invitado a la casa de mi familia durante las fiestas de Navidad, dará lugar a la clase de rumores que he pasado unos cuantos dolores para silenciar. Además, no entiendo por qué me puso en una posición como ésa. Tampoco entiendo por qué ha elegido que ambos, el duque y yo, ocupemos el ala sur de la casa… solos.
