– Sólo ha sido una herida superficial -gruñó mientras se miraba el vendaje del brazo-. La bala sólo me ha rozado -sonrió a su jefe, pero éste no sonreía-. Milt, no puedo creer que acabe de decir eso. Esto es como lo de esos tipos que solían cubrir zonas de combate en Vietnam. Siento como si finalmente me hubiera ganado un respeto. Ya no soy una escritora de Lifestyles. Incluso me han herido mientras cumplía con mi deber.

Milt se cruzó de brazos y se apoyó en la puerta trasera de la ambulancia mientras miraba a Perrie con desaprobación.

– He llamado a un antiguo amigo mío que vive en una pequeña población llamaba Muleshoe. Se llama Joe Brennan. Dirige un servicio de vuelos en la zona. En verano suelo ir allí a pescar, y él siempre me va a buscar y me lleva en avión. Me debe unos cuantos favores.

Perrie ignoró su historia y se concentró en la suya propia. Milt estaba un poco disgustado en ese momento; pero ya se le pasaría.

– Yo creo que deberíamos escribir la historia ahora. Que yo sepa, tenemos toda la confirmación necesaria. Aunque no he conseguido una foto. Vi al jefe de la oficina de Dearborn allí con Riordan. Ésa es la conexión.

Milt maldijo entre dientes con exasperación.

– Lo único que veo aquí son dos sabihondos muertos y ni rastro ni de Dearborn ni de Riordan. Tienes un enorme agujero vacío donde pensabas que tenías una historia sólida.

– ¡Tengo una historia! -protestó Perrie-. Y está aquí, no en Alaska.

Milt Freeman la miró a los ojos fijamente.

– Estás hablando como si Alaska fuera Siberia. Es uno de los cincuenta estados, ¿sabes?

– Sí, pero fue parte de Siberia -le respondió ella-. Antes de que se lo compráramos a los rusos. Estoy a punto de descubrir toda la trama en esta historia, Milt; ya me huele a tinta. Sólo necesito unas cuantas piezas más para completar este rompecabezas y podemos exponerla al completo.



17 из 161