—He necesitado dos años. Conseguí infiltrarme. Compré un automóvil desvencijado, me presenté en Millville y dije que era un recolector de ginseng.

—¿Un qué?

—Un recolector de ginseng. El ginseng es una planta.

—Sí, ya lo sé. Pero ahora apenas nadie la emplea.

—Aún la compran algunos herbolarios. Se puede vender una poca para la exportación. Pero yo también buscaba plantas medicinales y pretendía poseer un amplio conocimiento de ellas y de sus virtudes. «Pretendía» no es la palabra adecuada; me hallaba bastante empollado sobre la materia.

—El tipo de alma sencilla —comentó Hardwicke— que aquellas gentes podían entender. Una especie de anacronismo cultural. Y además inofensivo. Tal vez un poco mal de la cabeza.

Lewis asintió.

—Salió mejor de lo que yo mismo esperaba Me limitaba a ir de una parte a otra y escuchar lo que la gente me decía. Incluso descubrí un poco de ginseng. Había una familia en particular… los Fisher. Viven a la orilla del río, al pie de la casa de Wallace, cuyas tierras se asoman al farallón. Esta familia habita en aquellas tierras desde hace casi tanto tiempo como los Wallace, pero son de un genero muy distinto. Los Fisher son una tribu de cazadores de zarigüeyas y de pescadores, amigos de cocinar a la luz de la luna. En mí encontraron un alma gemela. Y era tan enemigo de cambios y tan atrasado como ellos. Guisé con ellos a la luz de la luna, comimos y bebimos juntos y hasta nos fuimos en varias ocasiones a vender nuestras chucherías al pueblo. Salí de caza y de pesca con ellos, nos sentamos juntos, hablamos y me enseñaron un par de sitios donde podría encontrar un poco de ginseng…, «sang» es como ellos lo llaman. Supongo que un etnólogo hallaría una mina de oro con los Fisher. En la familia hay una muchacha…, es sordomuda, pero muy linda, que sabe curar las verrugas por medio de ensalmos…

—Conozco ese tipo humano —dijo Hardwicke—. Yo nací y me crié en las montañas del Sur.



10 из 210