
«…de las islas al sur y al oeste del Dingbar. Habíamos sido conducidos a la costa por un golpe de tormenta, y estábamos en seco con la mitad de la cubierta rota. Yo…»
Arriba las estrellas apenas tenían ya interrupciones; el celaje casi se había desvanecido.
Por supuesto, las constelaciones resultaban familiares. La mayoría de las estrellas más brillantes de los alrededores no eran muy afectadas por un cambio de perspectiva de tres parsecs. Dondragmer, de todas formas, había tenido el tiempo suficiente para acostumbrarse a los pequeños cambios, y ya no los advertía. Una vez más intentó sin éxito encontrar los Guardianes. Quizá todavía había nubes en el sur. Estaba ahora demasiado oscuro para saberlo. Incluso el suprimir las luces restantes durante un momento no ayudó. Sin embargo, sí atrajo la atención de los otros dos, y el flujo de la anécdota se detuvo un momento.
—¿Algo nuevo, capitán?
La jovial actitud de Kervenser desapareció ante la posibilidad de acción.
—Posiblemente. Las estrellas brillan arriba, pero no hacia el sur. De hecho, no se ven en ningún punto cercano al horizonte. Prueba con un foco.
El primer oficial obedeció. Un rayo de luz saltó hacia arriba desde un punto situado detrás del puente, después de tocar él uno de los pocos controles eléctricos. Dondragmer manipuló un par de cables, y el foco se balanceó hacia el horizonte occidental. Un alarido, groseramente equivalente a una exclamación de sorpresa humana, salió de Kervenser cuando el foco en descenso se colocó paralelamente al suelo.
