Anne Perry


Falsa inocencia

16º Monk


Para Diana Hinds, por su ayuda y amistad.


Capítulo 1

El fugitivo se mantenía en equilibrio en la popa de la gabarra. Su silueta se recortaba contra las relumbrantes aguas del Támesis, con el cabello azotado por el viento, el semblante anguloso, los labios prietos. Entonces, en el último instante, cuando la otra gabarra ya casi había cruzado, se agachó y saltó. Alcanzó la cubierta por muy poco y tuvo que gatear para afianzar los pies. Se tambaleó un momento, recobró el equilibrio y se volvió. Saludó con el brazo, presa de un júbilo grotesco, y acto seguido se agachó, perdiéndose de vista detrás de los apiñados fardos de lana.

Monk sonrió forzadamente mientras los remeros se afanaban en dar la vuelta a la lancha patrullera luchando contra el reflujo y las estelas de las gabarras que remontaban el río hacia el Pool

En la proa de la lancha, Orme imprecó entre dientes, dado que aún no estaba lo bastante cómodo para dar rienda suelta a sus emociones delante de su nuevo jefe. Monk sólo llevaba medio año en la Policía Fluvial del Támesis, a la que se había incorporado tras la muerte de Durban. El trabajo era muy distinto del que se llevaba a cabo en tierra firme, donde tenía experiencia, aunque para él lo más difícil era asumir el liderazgo de unos hombres para quienes era un intruso. Le precedía la reputación de ser un brillante detective, pero también la de tener un carácter implacable, de ser un hombre difícil de conocer y de tratar.

Había cambiado después del accidente sufrido años antes, en 1856, que le borró la memoria. Aquello le había brindado la oportunidad de comenzar de nuevo. Había aprendido a conocerse a través de los ojos de los demás, y ese aprendizaje resultó amargamente esclarecedor. Cosa que tampoco podía explicarle a nadie.



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