
– ¿Le importa que termine el turno o prefiere que me vaya ahora mismo?
Silencio.
– ¿Qué me dice? -insistió, tras unos segundos, mientras se acercaba para tomar a Rose en sus brazos.
Rose seguía durmiendo. Ella miró a la niña y sintió un amor tan grande dentro que estuvo a punto de emocionarse. ¡Y ese maldito canalla! Había hecho tanto daño…
– Me iré ahora -dijo finalmente.
Jock se quedó mirándola, visiblemente enfadado.
– ¿Quién se va a encargar del turno de noche? -preguntó él-. Su contrato es de tres meses, señorita Rafter.
– No.
– ¿Qué significa eso?
– Quiere decir que tengo problemas personales más importantes y que algunas veces los problemas personales son el motivo de que se incumplan los contratos. En este caso ningún abogado me puede obligar a que lo finalice. También significa que no esperaré ninguna amabilidad por su parte, Jock Blaxton. Ellen me dijo que me equivocaba con usted y que reaccionaría bien si descubría lo que estábamos haciendo. Fui una estúpida por hacerle caso.
La muchacha tomó aire.
– De manera que… Me llevaré ahora mismo a Rose a casa y cobraré el jueves. Significa que tendrán que trabajar más durante un par de días, hasta que encuentren a otra interina, pero me imagino que sobrevivirá, doctor Blaxton. ¡Incluso puede sentarle bien!
Se giró sobre los talones y caminó hacia la puerta. Pero Jock se acercó rápidamente y puso una mano sobre su hombro.
– Espere un minuto.
– No voy a aguantar ninguna bronca suya, Jock Blaxton -declaró Tina, dándose la vuelta-. Ya ha hecho suficiente daño a esta pequeña. Fui idiota dejándola cerca de usted. Y ahora déjeme pasar.
Los ojos de Jock se oscurecieron y la mano que tocaba el hombro de Tina se hizo más pesada.
– No entiendo.
– No. Esa es su especialidad.
– Tina… -Jock se apresuró tras la muchacha, obligándola a que diera la vuelta y lo mirara.
Detrás de ellos, la enfermera se asomó por la ventana de recepción.
