De hecho, Gundowring era un lugar demasiado tranquilo para Jock Blaxton. El había nacido allí y pasó los diez primeros años de su vida hasta la muerte de su madre. Veinte años después volvió para trabajar como obstetra en el hospital.

Jock había vuelto debido a los recuerdos de una infancia feliz al lado del mar y porque su mejor amigo, Struan Maitland, trabajaba como director del hospital. Struan había estado buscando desesperadamente un obstetra y había insistido mucho en que Jock aceptara el puesto. Y también porque Jock estaba inquieto… buscando a alguien a quien ni siquiera podía nombrar.

Pues bien, buscara lo que buscara, tampoco lo había encontrado en Gundowring. Jock se había esforzado mucho por adaptarse allí, pero era incapaz de aceptar la quietud de la pequeña localidad. Acababa de volver de Londres y Londres le gustaba. Blaxton quería acción en su vida y estaba decidido a encontrarla.

Pero de momento tenía que solucionar algo que estaba pasando allí. Debía concentrarse y no dejar que Ellen le confundiera. ¿Qué demonios le ocultaban?

– De acuerdo, si no me dices… -Jock tomó la carpeta que contenía las historias de los pacientes-. Hablemos claro, ¿de acuerdo? Esta historia pertenece a Jody Connor. Jody Connor ha nacido hace dos días -el hombre se dio la vuelta hasta que encontró la cunita con el nombre-. Y Jody está aquí -el hombre colocó el historial en la cesta rosa de Jody y continuó.

Ellen tragó saliva. Las cosas se estaban poniendo feas, pensó. Tina iba a tener problemas serios.

– Voy… voy a llevar al pequeño Benjamín a su madre -dijo la mujer, dirigiéndose hacia la próxima cuna-. Ya es su hora de comer. Y Lucy Fleming debería de tomar otra sesión de rayos…

Jock puso una mano sobre el hombro de Ellen y la detuvo.

– Deja a cada bebé en su sitio -ordenó el doctor-. ¡Ellen, siéntate!

– Bueno, es que…

– ¡Siéntate!



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