
– ¿Aceptaste cuidar a la hija de la doctora Rafter?
– Tenía que dejar su trabajo de noche si yo no lo hacía -le explicó-. Jock, tú no entiendes. Tina está desesperada. No podía permitirse pagar…
– ¿No puede pagar a alguien que la cuide? -preguntó con rostro incrédulo.
– Jock, no entiendes -repitió Ellen-. Tina está…
No siguió.
– Tienes razón, no lo entiendo -dijo Jock mientras su rostro adquiría un semblante peligroso-. La doctora Rafter lleva trabajando aquí sólo dos semanas. Ellen, hicimos algunas entrevistas para el puesto y no mencionó que tuviera una hija.
Ellen se puso derecha.
– No, ¿pero habría cambiado algo las cosas?
– Por supuesto que sí. Si hubiéramos sabido que dependía de nosotros para cuidar de esto…
– ¡Doctor Blaxton, Rose no es una cosa! -protestó Ellen-. Esta niña se llama Rose y es preciosa. Y tú no tienes derecho a culpar a Tina. Le dije que a mí no me importaba tenerla aquí. También le aconsejé que no la mencionara…
– ¿Por qué demonios…?
– Porque sabes que Wayne Macky nunca aceptaría que Tina la tuviera aquí. No sin el permiso de Struan, y Struan estará fuera tres meses.
Los ojos de Jock se agrandaron.
– Pero, Ellen, Tina es sólo una interina y no tiene derecho a aceptar un contrato de unos meses si eso implica que tenemos que cuidar de su hija.
Jock estaba muy enfadado, pero Ellen era una irlandesa de fuerte temperamento.
– ¡Ya es suficiente! Tina no es sólo una empleada. Sabes perfectamente que es del pueblo. Todos la conocemos.
– Yo no la conozco -dijo Jock-. Tina tiene veintiocho años, seis años menos que yo, lo que quiere decir que tendría cinco años cuando yo me marché. De manera que, a diferencia de ti, soy objetivo con ella.
– Y no te cae bien…
– Y no me cae bien -afirmó-. Ya le dije a Struan que me preocupaba que ella trabajara aquí. No es una persona seria y responsable. Incluso en un contrato de varios meses yo quiero una persona entregada y ya ha llegado varias veces tarde.
