
– Jock, Tina tiene familia aquí y la necesitan. Por eso quería este puesto…
– Ella dijo que eligió entre dos trabajos.
– Es cierto -contestó Ellen desesperada-, pero también necesita tiempo para estar con la familia. Y para cuidar de su hija…
– Y pensó que nosotros seríamos una posibilidad cómoda.
– No -aseguró Ellen-. Tina conoce a Wayne Macky, el contable del hospital, y sabe que nunca lo aceptaría. Cuando comenzó no pensaba que fuera a necesitar que le cuidaran por la noche a la niña. Cuando se enteró, quiso dejar el trabajo, pero… -Ellen se sonrojó-. Yo sabía lo mucho que necesitaba este trabajo y también lo sabían las enfermeras. Conocemos de siempre a Tina. Y si tú se lo dices a alguien…
– Te refieres a Wayne…
– Sí -contestó, con las manos en las caderas-. Sabes que Wayne lo llevaría a la directiva y…
– Echarían inmediatamente a la doctora Rafter y a su hija de aquí.
– Así es. Y si no te importa…
– ¿Pero cuál es el problema entonces? ¿Qué cuidemos de Rose cada noche?
– Así es.
– Esa chica es un poco aprovechada.
– ¡Lo necesita! Sé que no te gusta Tina, pero no sé por qué. Ella es una chica estupenda, si fueras un poco más agradable…
– Ellen, nosotros no tenemos un servicio de guardería aquí. Sabes que estamos siempre faltos de camas y si la niña se pusiera enferma…
– Jock… -Ellen se mordió los labios, sabiendo que en ese punto no podía defenderse.
Sabía que si la niña se contagiaba con algo sería un problema para ambas, para ella y para Tina. Aunque Tina no tenía otra posibilidad. Tina sabía que corría riesgos, pero sabía también que la desesperación la había llevado a dejar a la niña allí.
– Escucha, Ellen, no aceptaré la responsabilidad de una niña durante los tres meses que dura el contrato de la doctora Rafter, y no es justo que espere que lo aceptemos. Le pagamos un sueldo justo y ella es adulta como para saber lo que conlleva tener un hijo. Así que ahora lo que tiene que hacer es contratar a una niñera.
