
– Pero…
– No, Ellen -insistió Jock, apretando al bebé en los brazos-. Sé que tienes un gran corazón. Puede que no seas capaz de decírselo, pero no aceptaré algo así. Iré ahora mismo a hablar con ella.
– Jock, ¿por qué no te cae bien Tina?
– Porque es una inconsciente y no se toma en serio su trabajo. Y descubrir la existencia de esta niña es lo que me habría esperado de alguien como ella. Tenía que habérmelo imaginado. Tuvo que haber alguna razón para que ella se marchara de la ciudad. Fue su única salida.
Dicho lo cual se dio la vuelta y se dirigió al pasillo, sin despedirse de Ellen.
Tina Rafter…
Jock caminó por el pasillo con una expresión intensa en la mirada, pensando en aquella muchacha.
Él se había opuesto desde el principio a que trabajara allí. Le parecía demasiado joven… Aunque su currículum dijera que tenía casi veintinueve años, era difícil de creer.
¿Por qué habría aceptado el trabajo? Jock imaginaba que habría alguna razón para que ella interrumpiera su carrera como anestesista y se pusiera a trabajar como interina. Es más, le molestaba no poder adivinar qué era.
No podía preguntarle. Jock recordó el día en que Struan la presentó en la sala de empleados.
Tina se había mostrado alegre y cariñosa con todo el mundo, y, a primera vista, Jock pareció también contento de conocerla. Desde luego que era bonita. Era delgada y a la vez con curvas, con una sonrisa que iluminaba todo su rostro y un pelo de color rojizo cuyos rizos le caían por los hombros. Tenía un caminar suave y ágil y enseguida causó buena impresión.
Pero cuando Struan cruzó la sala para presentársela a Jock, el rostro de Tina se quedó helado. Sus preciosos ojos verdes de repente se ensombrecieron con un gesto de preocupación.
