
– Esto no funciona -dijo simplemente, dejando las palabras colgadas en el aire durante unos instantes-. Nunca estás en casa. Y no creo que sea justo, ni para mí ni para ti.
– ¿Quieres que cambie de profesión? -preguntó él, al tiempo que sentía cómo empezaba a hincharse la burbuja de pánico que se había formado en su pecho.
– No, pero quizá podrías encontrar trabajo en algún periódico local, como por ejemplo en el Times, o el Post, o el Daily News.
– Mira, este ritmo tan frenético no durará siempre; es sólo transitorio -masculló él.
– Lo mismo dijiste hace seis meses. No, sé que no cambiará.
Jeremy recapacitó y se dijo que debería de haberse tomado esa conversación como lo que era: un aviso. No obstante, en esos momentos sólo le interesaba la nueva historia que estaba preparando sobre las pruebas nucleares en Los Álamos. Ella esbozó una sonrisa insegura cuando se despidió de él, y Jeremy dedicó unos segundos a pensar en esa expresión mientras estaba sentado en el avión; pero cuando regresó a casa, María se comportó como si nada hubiera pasado, y pasaron todo el fin de semana acurrucados cariñosamente en la cama.
