
La actividad genuina de Roma era la guerra, arte que domina magistralmente y en el que se basa para mantener su desarrollo y una economía en auge, manteniendo a otros pueblos de la península itálica en una situación subordinada, negándoles la ciudadanía romana y la igualdad de condiciones en el comercio.
Pero la voz del pueblo ha adquirido importancia y una serie de demagogos políticos, como los hermanos Graco, se alzan contra lo instituido, decididos a arrebatar el poder al Senado, propugnando su cesión al pueblo, representado por un estamento algo más bajo de los ciudadanos romanos, los caballeros, que eran fundamentalmente comerciantes acomodados. (En el mundo antiguo, la pugna por el cambio social nunca se orientaba en beneficio de los pobres, sino que adoptaba la forma de lucha entre la aristocracia terrateniente y la plutocracia comercial.)
En el año 110 a. de J.C., Cayo Mario, con cuarenta y siete años, era prácticamente un desconocido llegado a Roma del pequeño pueblo de Arpinum, y que, gracias a su magistral capacidad militar, había logrado alcanzar el segundo puesto más importante en el gobierno, el pretorado, acumulando una gran fortuna. Mario ansiaba ser cónsul (el cargo supremo), aunque no ignoraba que sus modestos orígenes hacían imposible tal deseo, ya que sólo podían ser cónsules los aristócratas terratenientes de rancio abolengo que nunca se habían ensuciado las manos ganando dinero en el comercio.
Por un fortuito encuentro con un arruinado patricio (la clase superior de la aristocracia), el senador Cayo Julio César (abuelo de César), pudo Mario mejorar sus posibilidades de aspiración al consulado. A cambio de financiar la carrera pública de los dos hijos del viejo César y aportar una dote para la hija menor del mismo, Mario obtuvo la mano de Julia, la hija mayor, y con ello una buena potenciación de su imagen electoral.
Casado con Julia en el 109 a. de J.C., Mario y su amigo epistolar Publio Cornelio Rufo partieron a la guerra contra Yugurta de Numidia. No obstante, Mario no era el jefe supremo de las tropas romanas; el cargo lo ostentaba el aristócrata Metelo (quien posteriormente recibiría el apelativo de Metelo el Numidico en recuerdo de esta campaña en -frica, y a quien Mario peyorativamente llamaba el ½Meneitos+). Acompañaba a Metelo el Numídico su hijo Metelo Pío.
