La guerra en Africa progresaba poco, dado que Metelo el Numídico no era un buen general. En el 108 a. de J.C., Mario solicita que le releven de su cargo de primer legado para poder regresar a Roma y presentarse a las elecciones consulares del 107 a. de J.C., pero Metelo le niega el permiso y Mario desencadena en Roma una campaña por medio de cartas de quejas y críticas a su superior por su actuación en la guerra, que, finalmente, logra éxito, haciendo que Metelo le releve de servicio en Africa.

Pero antes de que Mario deje Africa, la adivinadora siria Marta le predice que será siete veces cónsul de Roma -algo sin precedentes- y que se le llamará Tercer Fundador de Roma; aunque también le vaticina que será Cayo, sobrino de su esposa, el hombre más importante en la historia de Roma. Se trataba de un niño aún por nacer, pero Mario da crédito a la profecía.


A su regreso a Roma, Mario es elegido segundo cónsul para el año 107 a. de J.C., y se vale del ente legislativo llamado Asamblea plebeya para aprobar una ley que despoja del mando de la guerra contra Yugurta a Metelo el Numídico para asumirlo él mismo.

Sin embargo, se enfrenta al problema de cómo obtener tropas, ya que las seis legiones que Metelo mandaba en Africa han quedado asignadas al primer cónsul que comparte el mandato con Mario, y en Italia prácticamente no había personal reclutable para el ejército por las cuantiosas bajas sufridas en campañas de los últimos quince años debido a la incompetencia de sucesivos generales de ascendencia aristocrática. Por otra parte, las importantes amistades de Metelo el Numidico, ofendidas porque Mario le hubiese arrebatado la dirección de la guerra contra Yugurta, se coligan para impedir que éste pueda reclutar soldados.



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