Ambicioso y cruel como nadie, Sila también creía en su destino singular, pero sus primeros treinta y tres años los había pasado en los poco afamados ambientes del mundillo teatral, y ello le había hecho poseedor de una peligrosa doble vida. En una Roma cuyos ciudadanos mostraban una radical animadversión hacia la homosexualidad, Sila se vio obligado a ascender esforzadamente hacia la fama renunciando a su amor por Metrobio, un actor griego adolescente.

Mario tardó casi tres años en derrotar al númida Yugurta, si bien la captura del rey africano la llevó a cabo Sila, con el cargo ya de legado y consolidado como su más leal lugarteniente. Pese a ser tan distintos en orígenes y personalidad, los dos se llevaban muy bien, y el ejército de Mario cumplió extraordinariamente en combate, con lo que no hubo lugar para críticas por parte del Senado.


Mientras Mario y Sila aunaban sus esfuerzos en la guerra de Africa, un nuevo peligro amenazaba a Roma: una gran migración de pueblos germánicos (cimbros, teutones, queruscos, marcomanos y tigurinos) había invadido la Galia (la Francia actual) infligiendo sonadas derrotas a los ejércitos romanos mandados por incompetentes aristócratas que se negaban a colaborar con colegas del generalato a quienes consideraban inferiores.

Mario es elegido inesperadamente cónsul por segunda vez y se le asigna el mando de la guerra contra los germanos. A pesar de la oposición de Metelo el Numídico y de Marco Emilio Escauro, princeps senatus (presidente de la cámara), toda Roma estaba convencida de que Mario era el único capaz de vencer a los bárbaros, y ello fue el motivo de ese segundo consulado al que no se había presentado candidato.

Acompañado de Sila y de Quinto Sertorio (un primo de Mario, entonces con diecisiete años), en el 104 a. de J.C. conduce a sus legionarios del censo por cabezas, ya avezados veteranos, a la Galia Transalpina para aguardar allí la embestida de los germanos; pero éstos se hacen esperar, y Mario ocupa a la tropa en trabajos de obras públicas, mientras Sila y Sertorio, disfrazados de galos, parten a averiguar cuáles son las intenciones de los bárbaros.



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