
Siempre trataba de ver a sus hijos cuando iba a alguna parte, si había tiempo. Sin embargo, aquel viaje era para ella.
Stevie le sonrió mientras anotaba los detalles.
– Será divertido ir a París. No he estado allí desde que cerraste la casa. Han pasado catorce años.
Entonces Carole pareció un poco violenta. No se había expresado con claridad.
– Vas a pensar que soy una borde. Me encanta que viajemos juntas, pero quiero hacer este viaje sola. No sé por qué, pero creo que necesito entrar en mi propia mente. Si te llevo, me pasaría el tiempo hablando contigo en vez de profundizar en mí misma. Busco algo y ni siquiera sé con certeza qué es. Yo misma, creo.
Tenía la profunda convicción de que las respuestas a su futuro y al libro estaban enterradas en el pasado. Quería volver para desenterrar todo lo que dejó atrás y trató de olvidar hacía tiempo.
Stevie pareció sorprenderse, pero sonrió.
– Me parece perfecto. Lo único que pasa es que me preocupo por ti cuando viajas sola.
Carole no lo hacía a menudo y a Stevie no le gustaba demasiado la idea.
– Yo también me preocupo -confesó Carole-. Además, soy tremendamente perezosa. Me tienes mimada. Detesto tratar con los conserjes y pedir mi propio té, pero puede que me vaya bien. Por otra parte, ¿hasta qué punto puede ser dura la vida en el Ritz?
– ¿Y si vas a la Europa del Este? ¿Quieres que alguien te acompañe allí? Podría contratar a alguien en París, a través del departamento de seguridad del Ritz.
