Carole no paraba de buscar nuevos proyectos, pero ambas sabían que tenía que volver a trabajar o escribir el libro. La indolencia no era propia de ella. Después de trabajar sin parar durante toda la vida, y ahora que Sean había desaparecido, Carole necesitaba ocupaciones.

– He decidido seguir tu consejo -añadió, sentándose con gesto solemne ante la mesa de la cocina, frente a Stevie.

– ¿Qué consejo?

Stevie ya no recordaba qué había dicho.

– Lo de hacer un viaje. Necesito marcharme de aquí. Me llevaré el ordenador. Tal vez sentada en una habitación de hotel pueda empezar de nuevo con el libro. Ni siquiera me gusta lo que tengo hasta ahora.

– A mí sí. Los dos primeros capítulos están muy bien. Solo tienes que seguir avanzando a partir de eso y continuar adelante. Es como escalar una montaña. No mires hacia abajo ni te pares hasta llegar a la cima.

Era un buen consejo.

– Tal vez, ya veremos. De todas formas, necesito despejarme -dijo con un suspiro-. Resérvame un vuelo a París para pasado mañana. No tengo nada que hacer aquí y aún faltan tres semanas y media para el día de Acción de Gracias. Más vale que me marche antes de que vengan los chicos a celebrarlo. Es el momento perfecto.

Había estado pensándolo de camino a casa y se había decidido. Ya se sentía mejor.

Stevie se abstuvo de hacer comentarios. Estaba convencida de que a Carole le vendría bien marcharse, sobre todo tratándose de un lugar que le encantaba.

– Creo que estoy preparada para volver -dijo Carole con voz suave y mirada pensativa-. Puedes reservarme una habitación en el Ritz. A Sean no le gustaba, pero a mí me encanta.

– ¿Cuánto tiempo quieres quedarte?

– No lo sé. Mejor que reserves la habitación para dos semanas. He decidido utilizar París como base. La verdad es que quiero ir a Praga, y tampoco he estado nunca en Budapest. Quiero pasear un poco y ver cómo me siento cuando esté allí.



19 из 275