
– Me llamo Jason Waterman y soy el ex marido de la señora Barber. También soy un antiguo cliente del Ritz. ¿Ocurre algo? ¿La señora Barber se encuentra bien?
Sin saber por qué, empezaba a tener una sensación desagradable en la boca del estómago.
– Estoy seguro de que así es, señor. Es bastante raro, pero la gobernanta nos ha dejado una nota sobre su habitación.
Estas cosas pasan. Puede que esté de viaje o que en realidad se aloje en otro establecimiento, aunque lo cierto es que no ha utilizado su habitación desde que se registró. En condiciones normales no lo mencionaría, pero la gobernanta estaba preocupada. Al parecer, todas sus cosas están ahí, incluso su bolso, y dejó el pasaporte sobre el escritorio. Hace casi dos semanas que no hay señales de actividad en la habitación de la señora -dijo en voz baja, como si divulgase un secreto.
– ¡Mierda! -soltó Jason-. ¿La ha visto alguien?
– No que yo sepa, señor. ¿Le gustaría que llamásemos a alguien?
Aquello era muy raro. Los hoteles como el Ritz no decían a las personas que llamaban que el huésped por el que preguntaban llevaba dos semanas sin utilizar su habitación. Jason comprendió que también debían de estar preocupados.
– Sí -respondió Jason a su pregunta-. Puede que esto le parezca una locura, pero quisiera que hablase con la policía o con los hospitales a los que llevaron a las víctimas del atentado en el túnel y simplemente se asegurase de que no hay víctimas sin identificar, vivas o muertas. ¿Le importaría hacer unas llamadas? -preguntó al subdirector, quien prometió hacerlo.
