
Carole había tardado varios años en perdonarle y no volvieron a hacerse realmente amigos hasta después de que se casara con Sean. Por fin era feliz. Jason nunca había vuelto a casarse. A sus cincuenta y nueve años, tenía éxito y estaba solo, y consideraba a Carole una de sus mejores amigas. Nunca en su vida olvidaría la expresión de su rostro cuando, dieciocho años atrás, le dijo que la abandonaba. Parecía que le hubiese pegado un tiro. Desde entonces había revivido ese momento mil veces y sabía que nunca se perdonaría a sí mismo. Todo lo que quería ahora era saber que estaba sana y salva, y no herida en un hospital de París. Al subir al avión esa noche supo que la quería más que nunca. Durante el vuelo llegó incluso a rezar, algo que no hacía desde que era niño. Estaba dispuesto a hacer cualquier trato que pudiese con Dios con tal de que la mujer del hospital de París no fuese Carole. Y, si lo era, con tal de que sobreviviese.
Jason se pasó todo el vuelo despierto, pensando en ella. Recordando el día en que nació Anthony, y luego Chloe… el día en que la conoció… lo guapa que era a los veintidós años e incluso ahora, veintiocho años más tarde.
