
– Mucho. Está conectada a un respirador, pero viva. Está en coma debido a una lesión craneal. No la han operado, pero recibió un golpe tremendo. Aún está en peligro y no se sabe qué secuelas le pueden quedar -le dijo sin rodeos.
Jason pensaba ser más sutil con sus hijos, pero Stevie tenía derecho a saber toda la verdad y no se habría conformado con menos.
– ¡Mierda! Tomaré el primer avión.
Sin embargo, era un vuelo de diez horas en el mejor de los casos, con los vientos a favor, y una diferencia horaria de nueve horas. No estaría allí hasta el día siguiente.
– ¿Se lo ha dicho a los chicos? -añadió.
– Aún no. Voy de camino hacia el hotel. No hay nada que usted pueda hacer. No sé si tiene mucho sentido que venga. No hay nada que podamos hacer ninguno de nosotros -dijo, de nuevo con un temblor en la voz.
Carole no necesitaba una secretaria en ese momento, y tal vez nunca volviese a necesitarla. Pero Stevie también era su amiga. Llevaba años siendo una presencia constante en su familia, y sus hijos también la querían, como ella les quería a ellos.
– No podría estar en ninguna otra parte -le dijo Stevie con sencillez.
– Yo tampoco. Le reservaré una habitación en el Ritz.
Le dio el nombre del hospital y le dijo que se verían en París al día siguiente.
– Puedo alojarme en la habitación de Carole -dijo Stevie en tono práctico; no tenía sentido pagar otra habitación-. A menos que piense alojarse usted en ella -añadió con prudencia, sin querer entrometerse.
– He reservado mi propia habitación y reservaré otras para los chicos. Intentaré que me las den cerca de la habitación de Carole para que podamos estar juntos. Nos esperan tiempos duros, igual que a ella. Esto va a ser un camino largo, si se recupera. No puedo imaginarme cómo serán las cosas si no es así. Nos vemos mañana. Que tenga buen viaje -dijo agotado, antes de colgar.
Le sorprendió darse cuenta de que quería que sobreviviera aunque sufriese graves lesiones cerebrales. No le importaba que al final quedase como un vegetal; no quería que muriese, ni por sí mismo ni por sus hijos. La querían fuera cual fuese su estado, y Jason supo que Stevie también.
