
Se dice que nunca es tarde si la dicha es buena. Y es buena en el caso de la lectura de FRAGMENTOS DE HONOR, donde ya apuntan todos los elementos que han hecho famosa y apreciada la serie de las aventuras de Miles Vorkosigan.
Como era de esperar, el enfrentamiento de culturas y tradiciones domina el encuentro de los padres de Miles, contemplado, como no podía ser de otra manera, desde la óptica de Cordelia, la madre, procedente de un planeta como Beta, abierto y libre, rotundamente distinto del enquilosado y militarista Barrayar que, pese a todo, proporciona a la serie la mayor parte de las intrigas políticas y los condicionamientos sociales que hacen tan interesantes estas aventuras.
En el lugar equivocado, en el momento equivocado y por las razones equivocadas, Cordelia Naismith, de la Fuerza Expedicionaria Betana, llevaba incluso el uniforme equivocado: sin saberlo había entrado en batalla vistiendo el viejo uniforme pardo del equipo científico de Exploración Astronómica. Su encuentro con Aral Vorkosigan, el poderoso y temido Vor, apodado «el carnicero de Komarr», sólo podía ser resultado de una de esas complejas intrigas, tan sórdidas y abundantes en la militarizada sociedad de Barrayar.
Tras el primer contacto con Aral, Cordelia volverá a la guerra como capitana de una nave suicida en una misión de engaño: transportar a través de las líneas Vor un arma terrible capaz de atrapar y destruir a toda la flota enemiga.
Un complejo conjunto de intrigas dentro de intrigas, de traiciones envueltas en otras traiciones, de nuevos engaños que se unen a otros conocidos, obligará a Cordelia a establecer una paz personal con su principal oponente: Aral Vorkosigan. Una paz que puede acarrear la ignominia, aunque presagia nuevas posibilidades no sólo entre Cordelia y su enamorado, sino también entre los pueblos de ambos.
