
Judi Phillips me ayudó con las plantas del jardín de V. I. en la niñez. Kathy Lyndes fue muy generosa con su tiempo y experiencia en muchos aspectos, incluida la minuciosa tarea de acabar el manuscrito. Jolynn Parker y la Fact Factory también me ayudaron sobremanera. Calliope impidió que me marchitara delante del ordenador robándome los zapatos en los momentos adecuados. Como de costumbre, el avejentado C-Dog llevó a cabo su tarea de primer lector, corrector y creador de títulos para los capítulos poniendo en peligro sus rótulas.
Debo un agradecimiento especial a Constantine Argyropoulos por los cedés que creó con la música de V. I., los cuales comprenden todas las piezas que ésta ha cantado u oído a lo largo de los años. Nick Rudall aportó las expresiones en latín de la entrenadora McFarlane.
Este libro es una obra de ficción. Nada en él pretende reflejar la realidad de la vida moderna en Norteamérica. Para los puristas de la NFL, confieso que trasladé el partido Kansas City-New England del 22 al 15 de noviembre de 2004. En cuanto a los lectores que teman que V. I. no adula suficientemente a las multinacionales, ruego que recuerden que se trata de un personaje de ficción y que sus opiniones no reflejan forzosamente los de la autora.
Prólogo
Había recorrido la mitad del terraplén cuando vi el fogonazo. Me tiré al suelo y me cubrí la cabeza con los brazos. Y sentí en el hombro un dolor tan intenso que no pude siquiera gritar.
Tumbada boca abajo entre la maleza y la basura, respiré con jadeos cortos, como un perro, los ojos vidriosos, hasta que el dolor remitió lo suficiente para poder moverme. A gatas, me alejé poco a poco de las llamas, me puse de rodillas y me quedé bien quieta.
