
– No si esta es la clase de cachorro que produces. -Bruscamente se giró y se fue a zancadas de la habitación.
Cathy se giró hacia Jake, furiosa de que hubiera presenciado su humillación, furiosa de nuevo de que él no fuera el niño que le habían ordenado crear. Columpió la mano abierta en la cara. Los reflejos hicieron que Jake saltara fuera de su camino. Instantáneamente la cara de Cathy se oscureció. Cathy estaba furiosa y Jake podía oler su odio. El olor fétido penetraba todo su cuerpo junto con su empalagoso perfume. Se había alejado demasiado rápido para dejarla abofetearle la cara, sus reflejos imponiéndose antes de poder pararlos. La mayor parte de las veces permanecía estoicamente quieto bajo su asalto, pero a veces, se traicionaba sin pensar.
Ahora supo que la había enfurecido cuando la había esquivado demasiado rápidamente. Profundamente en su interior, el «otro» se estiró y desenvainó las garras, luchando por la supremacía aún cuando los dos sabían que tenía que permanecer oculto. El «otro» era el premio especial que Cathy había deseado todo el tiempo. Jake estaba seguro de que si ella averiguaba alguna vez lo que estaba en su interior, sería encerrado sin ninguna oportunidad de escapar jamás. Empujó a la bestia hacia abajo, dispuesto a tomar la furia de Cathy, su castigo, para parecer débil y asustado para llevar a cabo su plan. No estaba muy lejos de éxito. Unos pocos años más, mucho más conocimiento y se escaparía.
– ¿Qué dijo él, Cathy? -Ryan dio un paso calladamente en la habitación y el corazón de Jake comenzó a latir fuertemente. Había una mirada en la cara, esa pequeña sonrisa secreta que ahora aterrorizaba a Jake.
– Este enclenque se atrevió a ser irrespetuoso -gruñó Cathy-. Es un inútil para nosotros en todos los aspectos, Ryan.
Jake se encontró siendo arrastrado hacia abajo a su dormitorio en el sótano y atado a un asta donde primero Ryan lo azotó y luego en su furia, Cathy le dio una paliza con la caña gruesa. El «otro» gruñó y luchó por la supremacía hasta que Jake se ahogó tragando los retumbos de su garganta. La piel picaba más que el dolor cegador a través de la espalda y las piernas.
