– Inútil -pronunció-. Es un inútil, Cathy. Te dije que no te molestaras en tener un niño con ese maravilloso cobarde con el que te casaste.

– Tiene dinero, conexiones y la línea de sangre correcta -siseó-. Y tú no lo hiciste mejor. No he visto que tu hija tenga ningún talento especial.

– Mejor que este repugnante enano -dijo con brusquedad Trent y empujó a Jake-. Por lo menos ella puede producir un cachorro finalmente. Le encontraré el hombre correcto.

Jake se permitió tropezar, el salvaje triunfo casi sacudiéndolo. Josiah Trent lo había despedido, sin sospechar nunca ni una vez que el «otro» rabiaba tan cerca de la superficie. Trent no era tan poderoso como Cathy y Ryan creían que era. Él era otra familia con la línea de sangre «superior», pero no podía oler la verdad más de lo que Cathy y Ryan podían con él viviendo directamente bajo su techo. Fue una lección inmensa. Trent era todo un farol, su comportamiento y el acto de superioridad engañaba incluso a dos personas que Jake veía como poderosas.

– Necesitamos un cambiaformas -dijo Trent-. Un verdadero cambiaformas con la nariz y la astucia para los negocios, no ningún mentecato endeble al que todos pisarán.

Un cambiaformas. Al menos Jake supo lo que ellos eran. Tenía que encontrar el significado, y si un cambiaformas era importante para ellos, tenía que cerciorarse de que nunca sospecharan que él era uno, si lo era. Pasaría cada hora en la biblioteca buscando el significado hasta que supiera exactamente que buscaba. Aprendería acerca de su «otro» y lo que podía hacer, el por qué era tan importante para ellos.

Cathy pasó la mano sugestivamente por el brazo de Trent.

– Quizá deberíamos haberlo intentado juntos. -Su voz era un ronroneo invitador.

Trent la miró de arriba abajo, con desprecio en los ojos, un desprecio que le curvó los labios.



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