
Siseó instrucciones al joven Jake, recordándole que se acordara de sus modales, que se callara y que no contestara a ninguna pregunta sobre Cathy o Ryan, ni acerca de sus vidas privadas. Le amenazó con castigos oscuros si se atrevía a desobedecerla. Jake encontraba todo el asunto de su abuelo bastante interesante. ¿Qué tenía el anciano que asustaba a Cathy? ¿Qué quería ella de él que la hacía parecer tan respetable y dulce?
Fenton nunca se tragó sus mentiras. Sonreía y se hacia el agradable con Cathy y Ryan, pero Jake podía oler el fingimiento que fluía de uno al otro y podía ver el desprecio en la mirada penetrante del anciano. Fenton siempre insistía en hablar a solas con el joven Jake y Jake disfrutaba de las largas conversaciones, pero las repercusiones eran siempre infernales. Cathy y Ryan utilizaban un látigo para golpearlo hasta la sumisión e intentar sacarle cada palabra de la conversación entre el anciano y su hijo. Jake llegó a ser muy experto en inventar historias y en contárselas seriamente, mirándoles directamente a los ojos. Y luego se iría a su cuarto y marcaría su victoria permanentemente en la piel, el dolor limpiando la rabia y la ira del vientre, reemplazándolo con fría resolución.
Diez años
Libros. La inmensa biblioteca de su casa en la que los otros raramente entraban era un tesoro más allá de toda medida. Jake pasaba la mayor parte de su tiempo en la biblioteca leyendo en el refugio tranquilo de la habitación en la que sus padres nunca entraban. Leía cada libro de los estantes, sin importar el tema, su memoria fotográfica absorbía el conocimiento y los detalles y los archivaba para futuras referencias.
