Jake pasó las siguientes dos semanas en el hospital cuando terminaron de darle la paliza y nunca negó ni una vez las acusaciones contra su antigua niñera. Ella había desaparecido después de golpear despiadadamente a su hijo, declararon Cathy y Ryan.

La policía intentó interrogarlo, pero estaba roto, los huesos e incluso por una vez, su espíritu. Sólo podía estar en la cama impotente, sacudido por el dolor, destruido por la crueldad, permaneciendo absolutamente silencioso, sabiendo que ellos lo matarían si decía algo. No era lo bastante fuerte todavía. Tenía que esforzarse más. Tenía que cavar más profundo. Tenía tanto que aprender y tenía mucho tiempo, tumbado en la cama mientras las costillas y los brazos se curaban, para formular un plan.

Los periodistas vinieron y se fueron. Los médicos y las enfermeras sentían compasión por Cathy mientras ella callada y hermosa lloraba para las cámaras y su audiencia, adhiriéndose a su guapo y adorado marido. Representó su papel, colmando de atenciones al chico insensible, su dinero y su celebridad proporcionó cobertura en el horario de mayor audiencia. Aprovechó cada ventaja posible, dirigiendo sociedades benéficas y organizaciones siempre que podía conseguir titulares y tiempo en televisión. Todos le creyeron, no a causa de la evidencia del cuerpo de Jake, sino a causa del dinero y sus habilidades de actuación. Jake tuvo que admitir que era hipnotizadora. Podía conseguir que casi cualquiera hiciera lo que ella quería. Él necesitaba esas habilidades ahora que sabía con lo que estaba tratando.


Ocho años

Cathy estaba nerviosa y disgustada. Jake Fenton, su abuelo venía para otra visita. Él siempre insistía en hablar a solas con Jake, y a Cathy no le gustaba. Despreciaba a su abuelo y hablaba de intentar matarlo, pero le tenía miedo. El joven Jake no comprendía por qué le tenía miedo. Fenton vivía varios estados lejos en Texas, pero ella siempre vestía bien a Jake y actuaba completamente diferente, como si se preocupara por él delante de su abuelo.



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