para abrir la voluntad;


y para la enemistad


la necia descortesía.


ORTUÑO: Si supiese un descortés


cómo le aborrecen todos


– y querrían de mil modos


poner la boca a sus pies-,


antes que serlo ninguno,


se dejaría morir.


FLORES: ¡Qué cansado es de sufrir!


¡Qué áspero y qué importuno!


Llaman la descortesía


necedad en los iguales,


porque es entre desiguales


linaje de tiranía.


Aquí no te toca nada;


que un muchacho aún no ha llegado


a saber qué es ser amado.


COMENDADOR: La obligación de la espada


que se ciñó, el mismo día


que la cruz de Calatrava


le cubrió el pecho, bastaba


para aprender cortesía.


FLORES: Si te han puesto mal con él,


presto lo conocerás.


ORTUÑO: Vuélvete, si en duda estás.


COMENDADOR: Quiero ver lo que hay en él.


Sale el MAESTRE de Calatrava y acompañamiento

MAESTRE: Perdonad, por vida mía,


Fernán Gómez de Guzmán;


que agora nueva me dan


que en la villa estáis.


COMENDADOR: Tenía


muy justa queja de vos;


que el amor y la crïanza


me daban más confïanza,


por ser, cual somos los dos,


vos maestre en Calatrava,


yo vuestro comendador


y muy vuestro servidor.


MAESTRE: Seguro, Fernando, estaba


de vuestra buena venida.


Quiero volveros a dar


los brazos.


COMENDADOR: Debéisme honrar;


que he puesto por vos la vida


entre diferencias tantas,


hasta suplir vuestra edad



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